martes, 10 de marzo de 2009

LA RINCONADA I (PERÚ). 1ª Parte


MINA DE ORO
La Rinconada
Como muchos de sus antepasados incas, E.J está poseído por el oro. Mientras desciende por una félida galería a 5.100 metros de altitud en los Andes peruanos, este minero de 44 años se mete en la boca un puño de hojas de coca para soportar el hambre y el cansancio. Trabaja todos los días del mes excepto uno, sin recibir paga alguna, en las profundidades de esta mina excavada bajo un glaciar situado sobre La Rinconada, la ciudad que se encuentra a mayor altitud del mundo. Durante 30 días se enfrenta a peligros que han acabado con la vida de muchos de sus colegas mineros ( explosiones, gases tóxicos y derrumbes) para extraer el oro que el mundo demanda. E.J hace todo eso, sin recibir ningún salario, para llegar a ese día 31 de cada mes en que los mineros como él disponen de un solo turno, cuatro horas o quizás un poco más, para llevarse todas las piedras que sus fatigados hombros puedan acarrear. En el antiguo sistema del cachorreo, una especie de lotería que aún prevalece en las cumbres andinas, y no hay más salario que ése: un saco de piedras que quizás contenga una pequeña fortuna en oro, o, como casi siempre, muy poco o nada.
E.J sigue esperando un golpe de suerte. “puede que hoy sea el gran día”, dice, desplegando una sonrisa que revela un solitario diente de oro. Para aumentar su probabilidades, el minero ya ha ofrecido su “paga a la Tierra” … Ahora mientras se adentra en el túnel, murmura una plegaria en quechua, su lengua materna, dirigida a la deidad dueña de la montaña y todo el oro que alberga en su interior.
No es exactamente El Dorado, pero desde hace más de 500 años las relucientes vetas atrapadas bajo el hielo glaciar, cinco kilómetros por encima del nivel del mar, atraen a la gente a este lugar de Perú. Entre los primeros en llegar estuvieron los incas, para quienes el metal de brillo perpetuo era el “sudor del sol”. Después acudieron los españoles, cuya sed de oro y plata impulsó la conquista del Nuevo Mundo. Pero sólo ahora, mientras el precio del oro se dispara ( con aumento del 235% en los últimos ocho años), 30.000 personas se han concentrado en la Rinconada, convirtiendo un solitario campamento de mineros en una ciudad miserable en la cima del mundo. En una tierra de nadie alimentada por el azar y la desesperación, que se hunde en su propio caos de delincuencia y residuos tóxicos, y que hoy es un hervidero de soñadores y aventureros ansiosos de hacer fortuna, aunque ello tenga que destruir el medio ambiente…y destruirse a sí mismos.
La situación parece casi medieval, pero La Rinconada es uno de los escenarios donde se desarrolla un fenómeno absolutamente moderno: una fiebre del oro en pleno siglo XXI.
National Geographic. Enero 2009